Por José Manuel Beltrán.
A lo largo del tercer río más largo
del mundo, el Yangtzé, se descubren maravillas que, casi por milagro, han sido
salvadas de las aguas. La construcción de la Gran Presa de las Tres Gargantas,
abocó a la inundación de miles de poblaciones y el traslado de millones de
personas. Por suerte, la Pagoda de Shibao sigue erguida y fuertemente amarrada
a su colina.
El cielo gris plomizo, propio de la zona, contrasta con el
verde oscuro del cauce del gran río. Un pequeño estruendo de lo que podrían ser
pequeños cohetes, al más fiel estilo de cualquiera de nuestras fiestas de
pueblo, rebotan rítmicamente entre las laderas de las montañas. Sin embargo, un
poco más allá de un destartalado y viejo muelle de desembarque, en su parte
final, descubrimos el por qué de tal melodía.














